Tecnología, demografía y desigualdad

Nouriel Roubini es uno de los economistas más afamados de los últimos años, gracias a que supo anticipar, en cierta medida, la crisis financiera del 2008. Pero, desde entonces, no creo que su aportación a la ciencia económica haya estado a la misma altura. Sin embargo, hoy publica un artículo en Expansión, que recomiendo para su lectura. Ojo, a él también empieza a preocuparle la desigualdad… Mezcla de sus análisis y de mi propia experiencia, quiero llamar la atención sobre dos aspectos de la economía global que claramente están potenciando los riesgos de deflación actuales y, por ende, de aumento de la desigualdad en las sociedades desarrolladas (como la nuestra, por ahora). Éstos son las consecuencias que la demografía y la tecnología tienen sobre el uso del capital (el ahorro financiero, en definitiva, de quien lo tiene) y su maximización económica. Primer aspecto: demografía. El envejecimiento de la sociedad hace que el ahorrador (fondos de inversión, fondos de pensiones…) busque maximizar sus inversiones (el capital) en plazos de tiempo cada vez menores, ligados a su menor esperanza de vida. Una conducta totalmente racional. Eso hace que las empresas en las que invierte cada vez tengan un menor incentivo hacia la inversión a largo plazo (que busca maximizar el capital en ese plazo) y mayor hacia la obtención de retornos a corto plazo. Propiciando estrategias empresariales cada vez más alejadas de la inversión (que es lo que crea empleo, no lo olvidemos) y más próximas a la maximización del capital por la vía del incremento del dividendo, la recompra de acciones propias, etc. Una política de inversión, involuntariamente, deflacionista. En esas estamos, no lo duden. ¿Qué aprecia el inversor/ahorrador de hoy? Compañías que generan mucha caja, que no son propensas a invertirla en nuevos proyectos, y que prefieren devolverla a sus accionistas (que por edad, están jubilados o próximos a estarlo). Segundo aspecto: tecnología. En muchos sectores la inversión en tecnología alcanza casi la mitad de las inversiones empresariales. Pero no nos engañemos. ¿Qué tecnología estamos potenciando en nuestro tejido empresarial actual? Básicamente la que nos permita reducir nuestros costes fijos. Por eso, nada mejor que invertir en cualquier tecnología que automatice, simplifique o incluso sustituya la labor humana. Desde la robótica hasta la mera ofimática, no son sino progresivos sustitutivos del factor trabajo. Nuevamente un elemento claramente deflacionista. Deflación y desempleo (o incluso empleo precario) son uno de los claros generadores de desigualdad, en nuestros días. Pero, si a ellos se acompaña de una maximización exagerada del capital financiero (con retornos estructuralmente superiores al que obtiene el factor trabajo, como demuestra Piketty), el resultado puede llegar a ser perverso.

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